Ayer mi espíritu de cronista superó al peregrino y me fui a la fiesta de Villabolle. Los peregrinos se acuestan entre las 9.30 pm y las 10 pm, aunque sea no haya oscurecido, a las 5.30 se levantan y el mundial de fútbol es algo que pasa en otro planeta. Ayer a las 11 de la noche, insomne en la cama me rebelé y me llamé un taxi para ir a la fiesta. El taxista me pasó a buscar con su hija de 10 años “Aprovechamos, nos quedamos un rato en la fiesta y saludamos unos parientes”. Conversando me cuenta que Villabolle tiene 10 habitantes estables y 40 con los que vienen de vacaciones, pero que todos los años para San Antonio de Padua organizan una fiesta. Empieza al mediodía con una misa, si los curas ponen el santo quieren su parte en los fastos, luego hacen una “puxa” o remate a beneficio, donde compulsan con precios muy altos por cosas simples: un pollo, una horma de queso, una hogaza de pan; y a la noche una “fiesta de prado”, lo que en criollo llamaríamos fiesta popular al aire libre con entrada gratuita.
El taxista me avisa “estamos llegando un poco temprano, los grupos musicales van a empezar a eso de las 12”. Esto ya tenía un aire familiar, la joda no arrancaba hasta tarde. Efectivamente, llegamos 20 minutos antes de las 12 y no aparecían ni los 40 del pueblo, la noche estaba fresca y yo caía con mi cara de peregrino alemán. Esto pintaba flojito y había que esperar al taxista todavía hora y media. Pero había algunos indicios positivos, la barra de la Comisión organizadora era con carpa y medía unos 30 metros, esperaban mucha gente, y no había un escenario, había dos. El más pequeño salía del lateral de una Mercedes Transit, y otro inmenso detrás de un camionazo Pegaso. A las 12 en punto arrancó del escenario menor el dúo PK2, un estallido de creatividad el nombre, pero con una gran sorpresa; era un cumbiantero echo y derecho! Cuarentón, pancita, compañera más joven entrada en carnes con buena voz y atrás un musicalizador. Salsa, merengue, cumbia, bachata y paso doble. El tipo un profesional, cantaba mientras los chicos jugaban a la mancha o con una pelota en la zona de baile, terminaba y agradecía aplausos inexistentes, así durante una hora. La gente fue llegando poco a poco, el predió se llenó y la barra se cubrió de amigos. Entre medio de cervezas de marca global y las gaseosas de siempre se veían a varios “escanciar” sidra como sólo se hace en Asturias, forma de llenar un vaso arrojando la sidra desde una distancia de metro para que se genere espuma.
Mientras disfrutaba observando el ambiente escucho “Eh peregrino vente a tomar algo!”, era el dueño del bar de Salime donde había estado escribiendo la anterior crónica. Brindamos por mi Camino y sus ventas y para terminar de sentirme en casa PK2 largó con RAFAGA y la gente estalló!
Era como Smith, como Moctezuma, o San Martín 2 en Formosa o Seguí o Magdalena. Una fiesta de campo de las de allá. Donde la gente va con los abuelos, los hijos, los bebés, los borrachos y todos los amigos. Era como estar en casa pero en Villabolle. Y ahí recordé que la fiesta y la alegría no están en un lugar brillante o fabuloso, si no en las ganas que uno tenga de encontrarlas. Después vino el gran grupo, Orquesta Galilea, con 10 músicos y cuatro cantantes. Pero para mi la fiesta ya estaba hecha. A las 6 volvía al Camino, a despedirme de la hermosa Asturias y comenzar una nueva semana en la tierra de Santiago.
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