Estimados amigos. Los tiempos de la ficción de Juan, Gabriel y el argentino se han empezado a diferenciar de los míos. Llegué a Santiago el viernes por la tarde y me quedé en la ciudad todo el día sábado. Si la alegría se pudiera medir y acumular no dudo que la plaza del Obradoiro sería uno de los mejores lugares del planeta. Ver las caras de los peregrinos cuando salen de ese pasadizo que recorrieron Juan y Gabriel y se encuentran con el frente de la catedral es emocionante. Y si las caras son de personas con las que has compartido el camino la emoción se multiplica.
El Camino es una experiencia enorme. Es una combinación de muchos elementos que podemos encontrar en otras circunstancias, pero de forma aislada, raramente todas juntas. Tiempo suficiente, hermosos paisajes, senderos cuidados, poblados cada 5 km, historia en todos los rincones, sentido religioso, exigencia física, soledad, compañía, fiesta, tranquilidad. Cada uno arma su propio combo, el resultado es inolvidable.
El Camino está repleto de metáforas que cada uno encuentra en sus diferentes rincones. La que más me gustó es la de la mochila. Pasados los días descubris que tu "mochila" tiene cosas de las que podes prescindir y el viaje será aún más placentero sin ellas. Cuanto más liviano caminas más cómodo será tu pasar, pero si algo te falta lo vas a sufrir. Después de un tiempo de caminar empezamos a hacernos una idea de las personas en función de su mochila. George Clooney exageró esta metáfora en la película "en el aire" porque se despojaba de sentimientos para liberar su mochila "espiritual". En mi caso esté viaje fue grandioso por la posibilidad de tenerlos aca cerca a través de esto para compartir lo que fui viviendo. Podría haber prescindido de muchas cosas, pero nunca de los afectos que me acompañaron y disfrutaron conmigo.
Hace unos días una amiga me envió el libro de Coelho "El peregrino", he evitado leerlo para que las palabras que describan esta experiencia sean las mías. Ahora en esta parte del camino que continua a Fisterra y Muxia sobre el Océano Atlántico me tomaré un tiempo para leerlo.
Inicié el Camino con una expectativa de conocer Asturias y parte de España mezclado con el espíritu competitivo de un maratonista que alguna vez fui y que me resisto a dejar de ser y algo mucho más importante, bajar al menos 4 kilos que a los cincuenta años se me han instalado en el abdomen y se resisten a dejarme. Me llevo muchísimo más que esto, aunque aún no me he pesado.
Y ahora banquense los agradecimientos. A ustedes por leerme y acompañarme, a mis padres por el regalo de este viaje y por haber plantado la semilla del Camino en la familia hace ya casi 20 años, a mis hermanos por pincharme a hacerlo, a mis hijos por su aliento y sus risas ante cada ocurrencia de su original padre, y finalmente a Elena, mi compañera y soporte de mis mejores aventuras, que en la vida codo a codo, somos muchos más que dos.
Un abrazo. Los quiero
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