viernes, 1 de julio de 2016

Día 11. Las múltiples Españas que se ven desde el Camino


¿Conocen a alguien que a un día de la fiesta de su vida se le muere un pariente y no puede suspender? Yo sí, un tal Felipe VI de Borbón.
El lungo hizo el curso de rey durante 46 años, y el día anterior a la coronación, el día más feliz sin duda porque lo que se le viene después es trabajar de en serio de rey, "la roja ibérica" se come la peor derrota en años y se vuelve del Mundial. Toda España con un mal humor de perros y el repartiendo banderitas y besos por La Castellana. Juan Carlos lo había pensado bien, abdicaba ahora porque lo están puteando todos, pero lo hacía al comienzo del mundial para sumarse el fervor patriótico futbolero a la asunción del pibe. Y los monárquicos holandeses le empezaron a escupir el asado. Tanta camaradería de la nobleza europea para nada, el cara de galleta holandés que se comió el garrón en Sudáfrica, le mandó al Feli VI una mano escaneada con los cinco deditos abiertos de una de sus hijas. Jodido el Guille. Un tropezón no es caída, ya había pasado con Suiza el mundial pasado. En la tele seguían con el parche patriotero " Dale tu corazón a la roja", "Si podemos", "confiamos en ustedes"; todas las marcas mostrando al carilindo de Iker, al cerebro Iniesta, a David Silva . Miles de minutos de tele y radio, metros de gráfica de amor a la bandera. La fiesta seguía su curso, las invitaciones repartidas, los sanguchitos de miga comprados, los globos en las esquinas. Pero no hubo caso, el Maracaná mantuvo su gusto por las tragedias, o las hazañas, según el lado del océano del que se lo mire. Si admitimos que las justas deportivas son una especie de sublimación de antiguas batallas al Feli le avisaron que tuvieron un problemita en Trafalgar mientras se probaba la corona; el almirante Del Bosque no le dejó ni un bergantín a flote. 
Para la otra España, la de los jóvenes, son sólo manchas más en un tigre desdentado y viejo. 6 años de crisis es mucho tiempo. Sin trabajo, sin futuro claro, emigrando a Europa. Australia, Brasil o donde sea, en el paro por meses o años, todo lo indigna. Cada duro gastado en la nobleza es uno menos para ellos. Cada político en la TV le produce fastidio sin importar color. Es el que se vayan todos ibérico. Es duro verlos, es triste escucharlos.
Y sobre llovido las regiones. En una Europa sin fronteras y sin guerras ya no atrae ser español, tiene onda ser catalán, vasco anque gallego. Y las diferencias se construyen en base al desprecio, a sentirse superiores o a sentirse usados. Los jóvenes españoles dicen "basta, nos tienen cansados, si no quieren estar que se vayan", los catalanes dicen "nos denostan, nos aplican su poder centralistas, no aceptan que seamos diferentes". Y no aparece el discurso conciliador, algo de la practicidad británica, es todo orgullo español que no parece dialogar.
Una lástima, parece un divorcio a las trompadas donde queremos a los dos conyuges, "hagan un esfuerzo", "vayan a terapia de parejas", "se los veía tan bien juntos", o finalmente "y sepárense, si así van a estar mejor...".
España es mi segunda patria, entera o dividida. Espero que mi próximo camino no tenga que usar pasaporte para completarlo.

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